Ataditos

Poesía: Laura Estrin

Me presento yo Ataditos.

 El cariño de los tontos o de los maestros. Zelarayán y una vez Steimberg presentaron mis libros. Zelarayán me dijo lo que me decía Nicolás: “vos no sabés leerte, te leo yo”. Nicolás también me dijo alguna vez también que “yo tenía el barrio” y que porque pensaba en idish escribía enrevesado.

La conversación infinita que tengo todos los santos días con Milita Molina y Hugo Savino hizo que solo ellos hoy pudieran decir algo hoy aquí.

El poeta ruso al que le dicen poeta provinciano aseguró “Mis poemas son mi Diario”. De Ataditos, que tiene cuatro series de poemas (Ataditos, Anillos, Anillos y Sueños y Notas de poesía), de este libro de poesía, me robé el nombre para las lecturas que escribo en estos años.

Sé lo que escribo en mis versos. No hay muchos sentidos en ésto. Solo lo que quise decir y cómo lo dije. (Un cuadro no es sino lo que él quiere; no hay manera de mirarlo de toro modo que tal cual es. La pintura solo tiene un punto de vista; exclusiva y despótica: también la expresión es mucho más fuerte… el espectador, que gira en torno a la imagen, puede elegir cien puntos de vista diferentes, excepto el bueno. (Baudelaire)

Claudia me habla del Teatro de la Memoria, Ataditos recuerda a Luis Thonis, a Liliana Guaragno, a Noemí Ulla. Recuerda la falta de Irina Bogdaschevski, su potencia y la loca maldad loca de Nicolás Rosa. Ataditos los escribe junto a la sensibilidad judía de Bábel, un shlemazzel que carga con el peso del mundo, junto a la genialidad de ponerse y escribir de Tsvietáieva, junto al superlúcido y justísimo decir  de Shklovski y parafrasea mal un verso de Ajmátova.

 Ataditos es la casa, el sol, la vida “ceijijunta”. Porque las palabras van juntas para que alcancen.

Atraso, atraso. La poesía no se vende: ¡¡A quien le importan nuestras cositas?? Mis versos son grito pelado, carne viva.

 

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