Encuentro con Silvina Ocampo

Prólogo a la segunda edición

En el centenario de su nacimiento, Silvina Ocampo se ha convertido en una escritora de fama. Más conocida que leída, como Jorge Luis Borges, ha llegado a ser lo que su timidez jamás hubiera permitido: una escritora que los medios difunden, mencionan, evocan. A pesar de que el carácter mediático no siempre consigue redescubrir valores de esta trascendencia, parecería que también suele suscitar el reconocimiento. 
Hacia la fecha de aparición de este libro (1982), la obra de esta escritora casi no había sido descubierta en las universidades argentinas. En uno de los seminarios de doctorado que dicté como Profesora Invitada en la Universidad de la República, en 1994 en Montevideo, incluí parte de su obra. El placer que despertó su lectura, tanto como la reflexión y el detenido análisis de cuentos y poemas que en el programa de literatura comparada había situado entonces junto a los narradores uruguayos Felisberto Hernández, María de Montserrat y la poeta Sara de Ibáñez, tuvieron vivo interés y despertaron fecundas polémicas respecto de la poética, la escritura femenina, los registros lingüísticos rioplatenses. Mis alumnos de aquel seminario de Montevideo y los del seminario de doctorado de la Universidad de Buenos Aires de 1991, recuerdan aún el trabajo germinal que hicimos con los textos de Silvina Ocampo. Vaya a ellos mi reconocimiento por haber compartido momentos de interpretación y fértil diálogo.
La primera edición de Encuentros con Silvina Ocampo recorrió Francia. De sus distintas Universidades (Toulouse-Le Mirail, Caen, Clermont-Ferrand, Avignon), donde fui Profesora Invitada a lo largo de más de una década, desarrollé entre otros tópicos, la obra de Silvina Ocampo. Estos diálogos compartieron entonces el mismo espacio que mis ensayos de Invenciones a dos voces, ficción y poesía en Silvina Ocampo (segunda edición aumentada, Buenos Aires, Ediciones del valle, 2000) en las clases, en los seminarios de doctorado y en las tesis de doctorado sobre esta escritora, cuyos jurados integré en el exterior y en el país.
Agradezco el interés prestado a Encuentros con Silvina Ocampo a los profesores y estudiantes de esas universidades, y de la Sorbonne Nouvelle, donde participé del coloquio internacional dedicado a Julio Cortázar y Silvina Ocampo, a Jean-Pierre Bernès, quien lo evocó con especial detenimiento, a Milagros Ezquerro, directora de diversas tesis sobre la obra de esta escritora en universidades de Francia.
Agradezco a Hugo Víctor Echave su valiosa colaboración en las diferentes etapas de preparación de este libro.
Vaya también mi especial agradecimiento a la memoria de Gregorio Schvartz. La importante tarea editorial, la inteligencia, buena disposición y generosidad que lo distinguían, iniciaron los primeros pasos para realizar esta segunda edición corregida y aumentada, que hoy una de sus hijas, Claudia, poeta y traductora, concreta con este volumen.
Noemí Ulla, 2003

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